domingo, 28 de agosto de 2016

DOMINGO

Los domingos de mi infancia eran ceremoniales. No en todas las épocas se seguía el mismo ritual, pero siempre tuvieron esa cosa de repetir hábitos según el momento. Pasamos por la época del reciclado de la casa, aquella otra en la que venían los abuelos al mediodía, la del techado del patio, la del taller en casa y la de tenele paciencia a papi que dejó de fumar.

Estos ciclos no eran cortos, duraban dos o tres años, hasta que surgía algo que hacía cambiar la rutina y, rápidamente aparecía el nuevo protocolo del domingo. Pero había dos cosas que no cambiaban nunca: pastas y fútbol.

Recuerdo particularmente una etapa en la que papá, que había viajado mucho por trabajo, estaba trabajando en casa intentando recuperar el tiempo de todos esos años de subir y bajar de aviones casi sin respiro.
Se levantaba muy temprano los domingos y si había Fórmula 1, prendía el televisor, sino, desayunaba leyendo. Eran momentos de vacas flacas, como decía él, así que no se compraba el diario. Se releían libros de la biblioteca o alguna "Selecciones" vieja.

A media mañana preparaba el mate y nos venía a despertar. Ni les cuento la bronca que nos daba a mi hermana y a mí salir de la cama, sobre todo porque el motivo de levantarse era porque había muchas cosas para hacer.

El mate lo seguía mamá mientras los dos preparaban las pastas y el tuco. Como no había mucho dinero para salir a comprar, todo se hacía en casa. El sábado a la tarde se hacía el dulce y a la noche se horneaba el pan. Amaba la temporada de membrillos. Con la pulpa espesa se hacía el ladrillo de dulce firme, con la pulpa filtrada, mermelada y con la cáscara y las semillas, jalea.

Los domingos, el tuco familiar se empezaba muy temprano entonces, el olor de las tostadas se confundía con el de la cebolla picada y el vapor de la pava para el mate con el chirriar del aceite.

Si no llovía, era día de lavar las sábanas. El lavarropas que teníamos no sólo no centrifugaba sino que tampoco cambiaba el agua sólo. Para enjuagar, había que sacar la ropa, desagotar con manguera, volver a llenar y poner a funcionar el lavarropas otra vez. Después, había que retorcer a mano, sacudir para estirar y que no quedaran arrugas y colgar en la soga. La soga era un invento sofisticado de mi padre con un sistema de poleas que permitía fácilmente bajar la soga, tender y luego subirla muy alto sin ningún esfuerzo. Hacer eso con las sábanas requería trabajo en equipo y quedaba siempre para un domingo de sol.

Si teníamos suerte y en la semana se cortaba algún litro de leche, las pastas de ese fin de semana eran sorrentinos o ravioles de ricotta. Cuando el viejo terminaba de amasar y mamá consideraba que era hora de bajar el fuego del tuco, se apagaba la radio y se encendía el tocadiscos. Siempre hubo mucha música en casa, fundamentalmente tango y jazz. Pero esta época era de diversión. Papá quería disfrutar de la familia y sonaba Rubén Blades o Chico Novarro, por ejemplo. Y lo ponía a todo volumen y además, cantaba y bailaba por toda la casa. "Tengo una bolita que me sube y me baja, Ay! Que me sube y me baja..." o "Bodeguero... qué sucede... En la bodega se baila así, entre frijoles papa y ají... Toma chocolate... Paga lo que debes.."

Cada tanto probaba el tuco con un pancito y seguía cantando con la boca llena y tamborileando con los dedos en cuanto mueble le quedaba de paso. Y si te cruzabas en su camino, te hacía bailar también. Minutos largos después del mediodía, cuando toda la casa estaba patas para arriba y el tuco llevaba más de dos horas al fuego, mamá llamaba a poner la mesa. Un poco te deprimía entrar en la cocina y ver harina por todos lados, las hornallas salpicadas de tomate y un sinfín de cacharros en la pileta para lavar. La vieja protestaba porque me pisás la harina y me la llevás para todos lados y papá la agarraba de las manos y la hacía girar ensayando un rock&roll de los ravioles.

Entre enojos y carcajadas nos sentábamos a almorzar. Si había partido temprano se comía rapidito. Como esta era la época del Metro y el Nacional, dos veces al año el viejo me agarraba del hombro con cariño y me decía: "Flaca, avisale a mami que después la ayudás con la cocina. Vamos a ver al Rojo, hoy empieza el campeonato".


jueves, 31 de diciembre de 2015

BRINDIS 2016


Se va terminando el año y es un buen momento para brindar. Como todos los años, tenemos todo listo menos lo de último momento que es casi el setenta y cinco por ciento de todo. Sacá las botellas del freezer. Por qué no se van bañando? No te olvides el Mantecol que tu vieja nunca compra. Ya te bañaste? Filetear la pavita, planchar el vestido, condimentar la salsa, pintarse las uñas. Podés dejar la compu e irte a bañar? Podría ser un 31 más, pero no. Es el de este año y no se repite. ANDA A BAÑARTE!!!!

Se va terminando el año, decía y es un buen momento para brindar. Por lo vivido y por lo que vendrá. Levanto mi copa entonces y brindo por el 2015 que termina. Brindo por las diferencias, porque nos enriquecen, porque nos permiten descubrir, porque nos dan identidad. Brindo porque esas diferencias nos unan en una charla y ya no nos separen más.

Brindo por nuestras vacaciones, las que han sido las mejores hasta hoy. Brindo por nuestras playas, que son frías y ventosas, pero que tienen ese qué se yo, viste? Por nuestra arena gruesa que pincha los pies en el agua, por la finita del puerto que se amiga con el viento y molesta en los ojos. Por nuestras olas rompiendo en la escollera, por nuestros hijos rodando en los médanos, por sus sonrisas aunque llueva los quince días.

Brindo por la paz, porque ya nadie busque refugiarse de la guerra y no encuentren más niños muertos en la arena. Brindo porque la tolerancia reine en el mundo, porque los atentados 2015 sean la última página negra de la historia de la humanidad. Y como todo siempre empieza por casa, brindo por los valores, la solidaridad y las palabras mágicas.

Brindo por la Justicia. Por la condena de los imputados en la tragedia de Once, porque se esclarezca el caso Nisman, porque los delitos de corrupción no prescriban y vayan presos los culpables. Brindo porque un día estemos orgullosos de nuestro gobierno aunque no estemos de acuerdo o no lo hayamos votado. Brindo por la participación, por la militancia en los barrios, por el compromiso en lugar de insultar en los bares y redes sociales.

Brindo entonces por la UCR, por su reconstrucción y por el espacio en #Cambiemos. Brindo por la convención de Gualeguaychú y por Sanz que lo hizo posible. Brindo por todos los radicales que lo apoyaron y por los que no, pero lo respetaron. Brindo por todos los que accedieron a un espacio de gestión, para que honren sus nombramientos y nadie se acuerde de sus mamás.

Y hablando de mamás, brindo por mis hijos, porque son mi norte, porque me sorprenden y me agrandan. Brindo por mi morochito, porque es gigante, porque su fuerza es única y porque digan lo que digan, no cambie jamás su capacidad de descubrir, de crear, de preguntar. Porque ser inquieto, cuando se canaliza como corresponde, no es defecto, es una virtud. Brindo por Keke, por su inventiva, por sus logros, por su desafío constante a todo, a todos y a él mismo. Brindo por María Luz, que terminó el secundario, cumplió 18 y me sigue abrazando como cuando tenía 5. Brindo por Pedro, por su cariño infinito y porque aunque crezca sigue siendo mi osito. Por Lucho, por su ternura única, su fútbol, sus pasiones y sus cachetes con hoyitos. Por Juli, mi princesita mía, por sus manitos, por su primer fin de ciclo y sus cartitas con corazones. Por Alejo, por Brisa, por el primer año de Carmela. Por verlos crecer a todos.

Brindo por los que se fueron este año y nos dejaron su recuerdo eterno. Por los grandes artistas Anita Ekberg, Joe Rígoli, René Lavand, Ana María Giunta, B. B. King, Sergio Renán, Antonio Dal Masetto, Phil Taylor y Berugo Carámbula. Por Alejandro Romay y Gerardo Sofovich. Por el fiscal Alberto Nisman y por Julio Cesar Strassera, por Tomás Bulat y Eduardo Galeano.

Brindo por el fútbol. Por la copa América que no ganamos. Y porque van… Brindo por que se juegue con la camiseta y no con gas pimienta. Brindo por el Rojo de mi vida, por verlo ya sin la calculadora en la mano, porque ya no se rompan los jugadores, por Cebolla, por Benitez, por Mancuello, por Pisano. Si, si, está bien. Por Pellegrino también.

Brindo por la educación pública, siempre. También por el arte que supimos disfrutar, por el cine y entre todo, nuestro Relatos Salvajes, por el teatro y las citas pendientes, por la música y los músicos, por los libros que este año casi abandoné.

Brindo por nuestros peces y porque se agrande la pecera. Por la mesa de fondue las sillas nuevas, mi balcón verde y porque las lavandas crezcan. Y como no se me va lo nerd, brindo por el iPhone 6S, el Apple Watch, mi iPad y su stylus. Brindo por mi vecino nuevo, el del super chino, para que no grite, o por lo menos, que grite en argentino.

Brindo por el trabajo, por los grandes proyectos, por los diarios. Brindo por mi equipo, que es groseramente profesional y desafiante, porque sigamos creciendo y pasando buenos momentos. Brindo por la familia, por el amor, por los amigos. Por los que lo son y los que lo fueron antes, por los reencuentros y los asados gigantes.

Y ahora sí, brindo por 2016. Por que nos encuentre juntos y no amontonados, porque se cierre la grieta, la grieta social, sí, pero sobre todo la de mi baño. Brindo por los proyectos, por el futuro, por la esperanza, por construir día a día.

Brindo por Ari, por una nueva etapa, por su ingenio, su energía y su postura ante la vida. Porque siga siendo mi amor, mi cómplice y todo. Porque siempre seamos mucho más que dos. Brindo porque, de alguna manera, sigamos hablando de política, por su apoyo a mis gustos tan diferentes de los suyos, porque el respeto que nos tenemos sea ejemplo para los hijos. Por el cine, los mates, la tecnología, el sexo y las utopías nuestras de cada día.

Brindo por mis hijos, por sus sueños, su educación, sus juegos, sus abrazos, sus “mami” y porque se vayan a bañar sin que se los pida.

Brindo por tía Mary, y su recuperación completa. Por los amigos. Por los de siempre y por los que se suman. Por los proyectos comunes, los brindis, las visitas y las docenas de fondues que les voy a preparar.

Brindo por las promesas que no voy a hacer a ver si este año cumplo alguna, Brindo por el Rojo, por supuesto, por verlo de local y también de visitante. Por una TV sin Tinelli, ni 678, ni similar que lo reemplace. Por el futuro, porque #Cambiamos, por la libertad, por la coherencia, por el respeto. Brindo por los ideales, por las pasiones, por los sueños.

Brindo por mí, por vos, por nosotros. Por los que ya no están pero estarán siempre.

domingo, 13 de septiembre de 2015

UNA DE CONVOY


Mi abuelo no sabía muchas cosas, pero todo lo que sabía, me lo enseñó. Me enseñó a jugar al ajedrez, a pasar pastina en las juntas de los azulejos, a podar el jazmín con tijera, a pelar la manzana sin que se corte la cáscara y a recortar las plumas a los teros para evitar que se escapen. Y lo mejor que me enseñó fue a respetar al otro.

El Lolo era inmigrante español. Gallego. Ya les conté en otro post cómo llegó a la Argentina siendo niño. Aquí creció, aprendió a leer, a escribir y a dibujar. Vivió en Sarandí, se hizo hincha de Independiente y se enamoró de mi abuela Yolanda.

En aquella época, la abuela era de Racing, pero cuando yo nací ya era del Rojo. Cosas de la época. La recuerdo preparando rauda el almuerzo para que no se hiciera tarde para el partido pero no la recuerdo yendo a la cancha. Quizás, en algún lugarcito, tenía guardados sus colores originales.

A la abuela le gustaba cantar y bailar. Era muy divertida. Solía limpiar y cocinar con el "Winco" a todo volumen. Una vez me dijo que cuando ella era joven, "los bailes de Racing eran mejores". El abuelo sabía esto, estoy segura, pero nunca le decía nada.

Cuando se jubiló, se mudaron a Barracas. Dejaron la casa con jardín por un departamento sobre Martín García. Cuarto piso a la calle. "Yolanda, cerrá la ventana del balcón, 'hacélfavó', tanto ruido de coche no se escucha la radio". Al Lolo le cortaron las alas como a los teros, para que no se escapara. Pero esa es otra historia.

Los domingos que jugábamos de local, los abuelos se venían para Avellaneda. La abuela se quedaba en casa y yo me iba a la cancha con el Lolo a la platea de vitalicios. Cada partido me presentaba a la misma gente: mi nieta mayor, es del Rojo. Y se le inflaban los escuetos bigotes. Teníamos como un ritual a la salida de la cancha. Caminar por Alsina hasta Belgrano y ahí tomar el 24 o el 11 hasta Güemes.
A veces, a la abuela le dolía la cintura y no podía venir. Entonces, caminábamos hasta Mitre para tomar el 17. Si jugábamos con Racing, le dolía la cintura. Si ella sabía que me volvía con el abuelo, hacía milanesas con bocadillos de acelga. Y flan. Porque también sabía que estábamos contentos.

El sillón verde, en Sarandí.
En Sarandí tenían un enorme sofá verde oscuro con dos almohadones peludos con los que me gustaba jugar y no me dejaban. Frente al sillón, había una mesita redonda de mármol muy chiquita, con tres patas de madera. En Barracas semejante mueble, quedaba ajustado. Antes de la cena, era costumbre que el abuelo agarrara la Spica para escuchar 'La oral deportiva', que en ese momento era aburrida para mí. Cuando el abuelo prendía la radio, yo me sentaba en el piso entre el sillón y la mesita y me ponía a escribir.

Recuerdo un regreso a Barracas luego de una goleada de Independiente a Racing, cuando le fui a dar la radio al abuelo antes de cenar me dijo: hoy no, Galleguita. Vení, prendé la televisión, dan 'una de convoy'. Después, la abuela sirvió las milanesas y me quedé a dormir ahí.

Lo más importante que me enseñó el abuelo, fue el respeto por el otro. Y ahora los dejo, me voy a ver una de convoy.

Para mi abuelo, de su galleguita. Ese abuelo de quien me acuerdo cada día, pero más, cuando gana Independiente.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

BRINDIS 2015

Se va terminando el año y es un buen momento para brindar. Vamos ultimando preparativos. Envolviendo las fuentes para llevar. Los turrones. El Mantecol no porque nos lo comimos. Los hijos ya no duermen siesta y se ponen más pegajosos que el día preguntando cuánto falta para las doce. Andá a bañarte. Qué me pongo? Pedile a tu padre que te alcance las medias. Es parte del folclore del 31. Mañana es un día más. Pero hoy siempre es especial.

Se va terminando el año, decía y es un buen momento para brindar. Por lo vivido y por lo que vendrá. Levanto mi copa entonces y brindo por el 2014 que termina. Brindo por la energía. No me volví budista, hablo de los 220 nuestros de cada día, porque a nadie le falte la heladera y porque una carga al celular no se le niegue a nadie. Brindo porque este año no me tocó el puré de manzanas ni ninguna otra ensalada.

Brindo por nuestras vacaciones, las que han sido las mejores hasta hoy. Brindo por las playas de Brasil, que compartimos con amigos. Por el mar sin olas y por la playa Brava. Por el bar en la arena, por el queijo de cabra, por la cerveza desde la mañana. Brindo por las carcajadas de los niños, los cuerpos en milanesa y los oídos prestos al "libre soy".

Brindo por la paz, por la salud mundial, porque las epidemias como el ébola sean párrafos en los libros de historia. Brindo por la colaboración, por la solidaridad entre los pueblos y entre nosotros. Las grandes cosas empiezan por las pequeñas. Entonces brindo por el por favor, el permiso y el gracias. Por el respeto mutuo, por recuperar los valores y dejar de lado la revancha.

Brindo por la Justicia. Con mayúscula, como corresponde. Brindo para que el poder la ambicione, no para intervenirla sino para que funcione, para que la corrupción nos abandone, y para que vayan presos los ladrones. Brindo porque estemos orgullosos de nuestros funcionarios aunque alguna vez se equivoquen, y no porque nos den vergüenza aunque alguna vez hagan algo y la emboquen. Brindo por todos nosotros porque tengamos la voluntad necesaria y suficiente para dejar de ver la política en TV y arremengarnos para salir a construir nuestra opción de futuro.

Brindo entonces por UNEN y por la UCR, para que sea alternativa. Y brindo por el peronismo para que se UNA y armen una interna que no sea de mentira. Brindo por Mauri también, para que termine de una vez con las obras en la Ciudad a ver si podemos circular. Pido esto sobre todo por su mamá que la gente no la deja de nombrar.  Brindo porque los procesados tengan un resto de honor y no los veamos en una boleta en el cuarto oscuro, para que estemos orgullosos de todos los candidatos aunque no los vayamos a votar.

Y hablando de orgullo, brindo por mis hijos, por verlos crecer, por hacerme inmensamente feliz con sus progresos y sus ocurrencias. Brindo por mis sobrinos, por María Luz que aún me abraza, por Pedro que siendo de Chicago me acompañó partido tras partido en las malas, por Lucho y su dulzura infinita y por Julieta que es toda mía y para siempre. Brindo por Alejo, por Brisa y este año también por Carmela. Por verlos crecer a todos.

Brindo porque nos tomemos como sociedad las cosas un poquito más en serio. Que la seguridad no sea trending topic por un "corta la bocha" almorzando con Mirta Legrand, que un 'moto-chorro' vaya preso y no de 'rotation' por programas de chismes, que las campañas por temas de salud sean para recaudar dinero y no para ser famoso con un balde de agua helada en la cabeza.

Brindo por los que se fueron este año y nos dejaron su recuerdo eterno. Por los grandes artistas Robin Williams, Carlos Paez Vilaró, Shirley Temple, Paco de Lucía, Juan Gelman, Mariana Briski, Chespirito y Joe Cocker. Por el gran Alfredo Alcón, el gran Gabo y la enorme China Zorrilla. Por los que llora nuestro rock: por Ceratti y el negro García López. Por los que llora el tango: Virginia Luque, Mario Abramovich, Leopoldo Federico y el inmenso Horacio Ferrer. Por Grondona, porque todo pasa y él también. Por Pepe Eliaschev, a quien siempre vamos a extrañar.

Brindo por el fútbol. Por el mundial que 'subcampeonamos'. Porque jugamos con un equipo, por Messi que, pese a lo que digan, menos mal que es nuestro y por el gigantesco Mascherano. Brindo por el ascenso, porque me crezca el pelo y por que lo mal que la pasé alguna vez se borre de mi recuerdo. Por De Felippe que nos trajo, por Almirón que... Bueno, por Almirón también. Y brindo por Mancuello. Y brindo por Mancuello. Y brindo por Mancuello. Y brindo... Bueno, eso. Brindo por la Libertadores de San Lorenzo, el rey le manda saludos. Brindo por River que supo cómo volver y brillar. Felicito al último campeón y a la gente sufrida que tanto quiero, pero, sabrán comprender, por raSin no brindo.

Brindo por el arte, como siempre. Por el cine, por el teatro y Parque Lezama que tanto disfruté, por la buena música, por los libros que aún me gustan en papel. Brindo por las redes, por mis blogs que tuve abandonados, por mi Twitter que es chiquito, pero concentrado.

Brindo por el mundo, por el fin de las guerras, el terrorismo y el intervencionismo de estado. Brindo por los presidentes electos y por la nuestra. Brindo por Juan XXIII y Juan Pablo II canonizados. Brindo por los nietos recuperados, en particular por el de Estela.

Brindo por nuestros peces que son como veinte, por mis plantas nuevas y por tener por fin un juego de jardín para sentarme a contemplarlas. Como de carne somos, también brindo por mi parlante bluetooth, por mi iPhone nuevo y porque al fin tengo un auto que es rojo. Ya que estamos, un poco individualista, brindo por mí, por mi viaje a Cartagena y por sobrevivir un año sin terapia y aprovecho y saludo a mi psicoloca que seguro me lee y alguna risa le brota.

Brindo por los 25 años del muro, porque EEUU y Cuba se hablan, porque parece, al final de cuentas, que no todo fue en vano.

Brindo por la familia, por el amor, por los amigos. Por mi eqipo de trabajo, por mi nuevo vecino, que espero no sea malo por conocer.

Y ahora sí, brindo por 2015. Por que nos encuentre juntos y no amontonados, porque seamos tolerantes, porque tengamos nuevas ideas, porque seamos arriesgados y busquemos nuevas opciones.

Brindo por Ari, por su nuevo proyecto, por su empuje, por su audacia y por sus modelos a escala. Por que siga siendo mi aliado, mi compinche, mi amante, porque nunca nos falte el cine, ni la tecnología, ni una ruta a mano para acompañar con un mate. Brindo porque siempre nos escuchemos, porque no perdamos nuestra capacidad de respeto al discutir, porque sigamos soñando hasta el infinito y más allá.

Brindo por mis hijos, porque aprendo todos los días de ellos. Brindo por sus sueños, por su futuro, por sus sonrisas.

Brindo por los amigos. Por los de siempre y por los que se suman. Brindo por las ocurrencias, por vernos más que el año pasado. Porque cenemos, porque bebamos, porque riamos.

Brindo por mis nuevos proyectos, por los que se sumaron al equipo. Brindo por volver a escribir, por lo menos con la frecuencia de antes. Prometo firmemente intentar que Ella&Mi vuelva al ruedo.

Brindo por el fútbol, por el Rojo, por su puesto. Por alguna copa que levantemos al cielo para que el Lolo y el viejo la vean desde allá. Brindo por la camiseta, por la pasión, por la garra, por volver a dar alguna vuelta.

Brindo por el futuro, por la libertad, por la coherencia, por el respeto. Brindo por los ideales, por las pasiones, por los sueños.

Brindo por mí, por vos, por nosotros. Por los que ya no están pero estarán siempre.

jueves, 12 de junio de 2014

LOS INMORTALES

Para mi abuelo, de su galleguita. Ese abuelo de quién me acuerdo
cada día, pero más, cuando gana independiente.

Cuánto silencio. Parece mentira luego de tanta euforia contenida. Hoy me quise quedar acá, en la cancha. Quise ver cómo se van apagando las luces, cómo se siente el frío y la lluvia sobre la piel. Sentada en la platea baja, por primera vez en mucho tiempo, puedo respirar hondo aliviada, sin la presión del próximo partido, sin estudiar la tabla.

Miro los arcos y vuelvo a sentir el sacudón de la red y los gritos excedidos. La “o” profunda del gol, el rugido visceral vomitando bronca e ilusión. No puedo evitar estremecerme otra vez.

Bajo la mirada y evoco la pesadilla de los últimos años. La caída inevitable. La tortura lenta y luenga del campeonato en el Nacional.

Siento en el cuerpo el sufrir de los lesionados, en el alma la frustración de los expulsados, en el estómago los goles de los contrarios.

En la cara me duelen dulcemente los certeros zapatazos del Rolfi desahogando el peso de la experiencia y la furia de la impotencia en un golazo al ángulo. Aparece también en mi ensoñación el consuelo del juego irreverente de Pisano, de Pizzini o de Bellocq que con absoluta falta de respeto nos invitaron a soñar.

Pienso en todo esto y vuelvo a lagrimear. Se mezclan mis lágrimas con la lluvia y abro los ojos para mirar al cielo sin estar segura de si corresponde agradecer. Lo que sí sé, es que no me voy a olvidar. No me voy a olvidar de la angustia, de la ineludible pesadez de la historia, del sabor amargo de no poder, del infortunio recurrente de perder y volver a perder cuando debíamos ganar. Del temible sentimiento del eterno NO retorno. No me voy a olvidar del rostro de tantos niños pequeños que lloraban desconsoladamente sólo por ver llorar a sus papás. No me voy a olvidar de De Felippe defendiendo a su equipo como sólo un líder sabe, ni de los ojos desolados del Ruso mirando impávido una pelota que no pudo atajar ni esos mismos ojos satisfechos por convertir un penal.

No sé si alguien más me puede entender. No sé si hay alguien que haya podido vivir esto más de cerca que yo. Tengo heridas sobre el pellejo que no me dejan mentir. Heridas de guerra, de batallas hostiles que no se daban sólo en el campo de juego. Se daban en las tribunas con los fantasmas que “raSin clú” nos supo dedicar, en las redes sociales, en los medios, en la dirigencia, en la Sede. La lucha era de arco a arco y de norte a sur del territorio. El Nacional nos puso a pasear la camiseta y allá fuimos. Y no eran sólo Tula, Vallés y Morel recorriendo toda la cancha, era un ejército de voluntades lidiando contra todo y contra todos. Una lucha imprecisa y desvariada, una quimera disociada e inconstante que terminó en un cruel partido de disputa por el tercer ascenso. Duelo final.

No sé si son muchos los que pudieron palpar un cabezazo de Penco, la pasión de Parra que juega como hincha, los puntapiés de media cancha de Vidal, las corridas de Mancuello, la entrega del Pocho que recibió críticas lapidarias o la emoción de Zapata transmutado en héroe después del primer gol de hoy. No me olvido de ninguno aunque no los nombre.

No sé realmente cuántos podrán entenderme. Yo soy la pelota de fútbol. La número cinco. La que no se mancha. Y soy parte del equipo. De este equipo. Pero también soy parte de la hinchada. De esta hinchada, la del Rojo. Y hoy estoy acá sola, en un estadio prestado, acompañada de los recuerdos y de las esperanzas. Disfrutando un #volvimos que no se festeja, pero se celebra. Un triunfo que se acaricia todo mojado de lágrimas emocionadas y de lluvia consorte del Rey de Copas que hoy regresa a su lugar. Disfruto y dedico esta 'soledad acompañada' a los jugadores y a los hinchas que estuvieron desde el día uno hasta el último. A los que se enojaron. A los que lloraron. A los que se decepcionaron. A los que nunca bajaron los brazos. A los que putearon a los jugadores, a los dirigentes, a los árbitros y a la madre de cada uno de ellos. A los que al partido siguiente los aplaudieron y alentaron. A los que en el próximo los silbaron y abuchearon. A los que fueron a la cancha con la calculadora. A los que siempre creyeron. A los que hicieron el aguante. A los que estuvieron estoicos el día del descenso. A esos que son los mismos que están hoy, el día del ascenso. A los que la padecieron. A los que se golpearon el pecho luego de cada partido. Esos que soportaron cualquier cosa, que contuvieron la taquicardia, que apretaron los dientes, que clavaron las uñas en la palma de sus manos. A los incólumes e invulnerables hinchas que no murieron en el intento. A los que no sucumbieron. Porque son Independiente. Y si sobrevivieron a todo esto, evidentemente, son inmortales.

martes, 31 de diciembre de 2013

Brindis 2014

Se va terminando el año y es un buen momento para brindar. Por lo vivido y por lo que vendrá. Levanto mi copa entonces y brindo por el 2013 que termina. Brindo por el regreso de la Libertad. La Fragata, digo. Y para que la honremos. A la libertad, digo.

Brindo por nuestras vacaciones, las que han sido las mejores hasta hoy. Brindo por nuestros paisajes, por nuestras montañas, por nuestros lagos, por nuestros bosques, por nuestros caminos. Brindo por nuestros ahumados y nuestras cervezas. Por nuestros dulces y nuestros chocolates.

Brindo por la esperanza, por la sencillez, por la coherencia. Brindo por la serenidad, la no violencia, la paz. Por la solidaridad, por la humildad, por el respeto. Sobre todo brindo por eso de hacer lío. Brindo por un papa que levante esas banderas, que sea argentino es apenas una anécdota. Lo mismo digo de Máxima. Igual por la corona no brindo, lo mío siempre fueron las brujas, jamás las princesas.

Brindo por el agua, para nunca nos falte, pero que tampoco nos sobre. Brindo por la naturaleza, para que perdone nuestros desmanes y deje de la lado la venganza.

Brindo por la furia, el odio y la revancha, para que abandone nuestros corazones y se traduzca en brazos que abrazan, en manos que trabajan y almas que comprenden.

Brindo entonces por todos los muertos que nos dejó el agua y la furia, porque no sean uno más o uno menos. Brindo por sus familias y por nuestros gobiernos. Los de hoy, los de antes, los de mañana. Para que se hagan cargo y ninguno más “se quiera ir”.

Y hablando de hacerse cargo, brindo por Nico y Marce, por el amor, por el coraje. Brindo por haber visto entrar a mis hijos al colegio por la misma puerta, de la mano. Y por sus notas, por su dedicación, por nuestro orgullo indisimulable. Brindo por Pedro que terminó séptimo y para que el año que viene termine primero.

Brindo por las denuncias, para que no terminen en nada. Brindo por la corrupción para que se haga justicia. Brindo por los denunciantes para que no hagan falta, y por los corruptos, para que al menos tengan vergüenza y no veamos sus nombres en ningún cuarto oscuro.

Brindo por los que se fueron este año y nos dejaron su recuerdo eterno. Por Walter Malosetti, Lou Reed y su magia infinita. Por nuestros grandes actores Franklin Caicedo, Tony Vilas, Carmen Vallejo, Duilio Marzio, Elena Tasisto, Patricia Castell, Aldo Barbero, Julia von Grolman, Juan Carlos Calabró, Juan Manuel Tenuta, Nya Quesada y Nelly Omar por todos los clásicos de cine y teatro que nos permitieron disfrutar. Y por los grandes de Hollywood que extrañaremos otro tanto: Esther Williams, Eleanor Parker y Peter O’Toole. Por otros grandes artistas como Alejandro Urdapilleta que me ha hecho reir tanto. Por Manuel García Ferré que acompañó mucho más que mi infancia. Por Aída Bortnik y Elsa Bornemann. Por Tom Clancy. Por Clorindo Testa . Por la absoluta memoria de Nelson Mandela y por Hugo Chávez. Por la justicia divina para Martínez de Hoz, para Videla y también para Thatcher.

Brindo por el deporte, por la clasificación al mundial, por la Davis que otra vez no fue, por el descenso que lloré y que aún no puedo creer. Brindo por el público visitante para volverlo a ver y por los dirigentes para que se hagan ver.

Brindo por el transporte, para que los viajes no sean al más allá, porque el boleto todos lo podamos pagar. Y brindo porque valga la pena pagarlo y no que nos dé pena el que lo paga.

Brindo por el año sin Tinelli en la tele, por toda la buena música que tuvimos y por el uso de las redes incluyendo mi Twitter inaugurado en septiembre.

Brindo por el mundo, por el fin de los golpes de estado y del terrorismo. Brindo por todos los presidentes, los que se fueron y los electos. Por la salud de la nuestra, que la prefiero en cadena antes que ausente y ajena.

Un poco más materialista, también brindo por mi minipimer de acero y por mi iPhone nuevo. Ya que estamos, un poco individualista, brindo por mi curso de StandUp, por los shows, por los que vinieron y además aplaudieron. Brindo por la linda gente que conocí: Por Leandro, Arjona y la gente muerta. Por Lily y la dieta del membrillo. Por Ariel y el serenito de los chinos. Por Hernán y los gordos. Por Mario y la vida que es una fiesta. Por Pablo, Diego y Nico que lo hicieron posible.

Brindo por el centenario de la Facultad de Ciencias Económicas, por todo lo que eso para mí implica, por lo vivido, por el recuerdo y por tanta gente que me dio gusto ver en el reencuentro.

Brindo por mi psicoloca que no sé si me dio el alta o se aburrió, pero que verdaderamente es una “grosa”.

Y Brindo por supuesto, por los 30 años de democracia, que son casi tantos como los que tengo de militancia. Brindo por lo que hicimos y por lo que nos falta. Por la famosa utopía que nos sirve para avanzar.

Brindo por la familia, por el amor, por los amigos. Por las mamis copadas, por los vecinos y por mi gran equipo de trabajo.

Y ahora sí, brindo por 2014. Por que nos encuentre hermanos, por que el de al lado no sea el enemigo sino sólo el que piensa distinto y suma. Brindo por la disidencia y por la diferencia.

Brindo por Ari, por sus proyectos, por su perseverancia, por sus modelos a escala. Por que siga siendo mi compañero de locuras, por el cine, los viajes, la tecnología y los mates. Por que sigamos discutiendo, con franqueza. Porque sigamos delirando, con simpleza.

Brindo por mis hijos, porque son mi horizonte. Porque sean felices porque puedan soñar.

Brindo por los amigos. Por los de siempre, por los que se suman, por los que me aguantan. Brindo por las cenas, por los vinos, por los chats, por cada post de Facebook y por las fotos de Instagram.

Brindo porque en 2014 en diciembre no me toque el puré de manzanas, se hacer la rusa o cualquier otra ensalada.

Brindo por mi nuevo trabajo, por un nuevo equipo, por renovadas ganas.

Brindo por tener menos este año. Menos calor, menos gastos, menos inflación, menos piojos y menos para limpiar.

Brindo por el fútbol, por el Rojo, por el ascenso. Por la camiseta, por el orgullo, por la historia, por el viejo y por el abuelo. Brindo por Brasil, por el grupo F y por que me alcance la plata para comprar infinitas velas.

Brindo por el futuro, por la libertad, por la coherencia, por el respeto. Brindo por los ideales, por las pasiones, por los sueños.

Brindo por mí, por vos, por nosotros. Por los que ya no están pero estarán siempre.

miércoles, 9 de octubre de 2013

AL MAESTRO, CON CARIÑO.

Tenía poco más de veinte años cuando mi vida como estudiante de la Licenciatura en Administración y empleada de una AFJP tuvo un giro inesperado.

Cursaba entonces la materia Competitividad Organizacional. El aula solía desbordar de alumnos inscriptos y de oyentes que, más allá del plan de estudios, pugnaban en la puerta para entrar sólo por el placer de escuchar a “ese” profesor aunque no estuvieran en lista “oficial”.

Un día éramos tantos que se dificultaba escuchar entre ruidos de butacas, entradas, salidas y vueltas de hoja de cuaderno. El profesor interrumpió la clase y se puso a hablar acerca del interés o no que teníamos sobre el tema. Rápidamente se formó un debate. Acalorado debate, recuerdo. También recuerdo que terminé casi gritando y agitando los brazos, parada sobre una butaca, enojada con el profesor, recordándole que muchos estábamos allí para aprender sin siquiera estar inscriptos, únicamente por tener la oportunidad de escucharlo y no sólo leerlo en sus libros, y que esa discusión "no tenía sentido".

Me prestaba atención apoyado en el escritorio, con los brazos cruzados sobre el pecho y las manos llenas de tiza. Me dejó hablar y cuando terminé se dio media vuelta. Dibujó un gráfico en el pizarrón que modelizaba estructuras de poder y niveles de conversación organizacional.

Terminó de dibujar sin decir ni una palabra y con la clase absolutamente muda, se sacudió las manos de tiza y empezó a contar una historia que decía algo así:

“Había una vez un señor que tenía una casa en la playa. Se levantó temprano una mañana y vio que cerca de la orilla había alguien que se movía rápidamente. Se acerca y ve que es un joven que se agacha, recoge algo de la arena y lo arroja al mar. Se acerca un poco más y ve que la arena estaba llena de estrellas de mar y le pregunta al joven por qué hace eso, quien le responde que está saliendo el sol, y que las estrellas de mar van a morir si no logran regresar al agua. El hombre se sorprende y le dice: pero son cientos de estrellas, lo que hacés no tiene sentido. Entonces, el joven vuelve a agacharse, toma una estrella de mar y la arroja al agua. Lo mira y le dice: para esa sí tuvo sentido”.

El profesor terminó la historia, nos miró a los ojos y se fue de la clase. Lo corrí hasta la puerta de la facultad, toda una travesía a las nueve de la noche, y lo alcancé sobre Av. Córdoba subiéndose a un taxi. Seguía enojada y le quería hablar. Me dijo que no podía en ese momento, sacó una tarjeta de su bolsillo, y me dijo: Llamame mañana.

Arrugué la tarjeta y la guardé en la mochila. Sentía que había perdido una clase. Al día siguiente lo llamé, más por orgullo que por expectativa de que me fuera a atender. Su secretaria contestó el teléfono y me dijo: 'Está en una reunión, no puede hablar ahora. Dejame tu nombre y tu número y él se comunica'. Lo hice, aunque estaba segura de que nunca me iba a responder. Pero me equivoqué. Media hora después me llamó y acordamos que pasaría por su estudio para conversar.

Me contó, café de por medio, que solía provocar ese tipo de debates como parte del curso y que, entonces, alguna vez, “alguien” tomaba el toro por las astas y cambiaba el nivel de discusión encausando la misma. “Querés formar parte de NUESTRO equipo?”, me dijo.

A Alberto Levy.
A partir de hoy, Profesor Emérito
de la Facultad de Ciencias Económicas
de la Universidad de Buenos Aires.




Alberto Levy ES mi profesor. Aún hoy soy su alumna, porque es un profesor eterno.

El que no se cansa de compartir, el que ha puesto a disposición más de una vez su biblioteca personal, el que lee decenas de libros por mes y recomienda los que valen la pena, el que motiva, el que no para de estudiar, el que publica en su facebook artículos de interés para comentar, el que sigue ideando, creando, innovando. El que se reinventa continuamente.

Alberto Levy ha sido mi mentor. Alberto Levy es mi amigo.

Soy Adriana Fernandez. Una de sus estrellas de mar. Para mí todo tuvo y tiene sentido. Gracias, AVI. Gracias, PROFESOR.